Hoy es protagonista la bancada del Partido Nacional. El que será partido gobernante apoya en el Congreso de Honduras la destitución del presidente Zelaya.
Implacable, el polémico primer golpe de Estado/cuartelazo de la era de las comunicaciones en América Latina sigue así su marcha lógica. El reconocimiento del gobierno norteamericano a las recientes elecciones tiene como efecto perverso que hoy todo vale en el complejo contexto de la ‘golpeada’ institucionalidad hondureña. A unas pocas cuadras, en Tegucigalpa, el presidente del país permanece en la Embajada de Brasil. El departamento de Estado no parece mostrar sentido de la escenografía; de otra forma captaría la rareza de la situación en la que se ha ido involucrando desde su más reciente giro político y que lo deja, al final, en una foto con la derecha y el golpismo. Su avanzada en Colombia y ahora en Honduras pone en guardia a la región - no sólo a los del ALBA.
Que la bancada del Partido Nacional apoye hoy la destitución del presidente Zelaya es una vuelta de tornillo extra al golpe dado por Micheletti y no hace más que ahondar la precariedad institucional que sigue al golpe - ni hablar de legitimidades o del uso de las 'programadas' elecciones para tapar la escenografía del golpe. Si la derecha hondureña insiste - pronto habrá que reconocer que – en comparación – su vecino Daniel Ortega parecerá un demócrata íntegro. Estado Unidos, por su lado, parece tener en mente por sobre todo reforzar tradicionales alianzas con las derechas más que el apoyo a democracias y estados de derecho en la región. No es la primera vez pero hasta hace sólo algunas semanas primaba esta vez la expectativa de un rol progresista y no injerencista.
